Bajada del Ángel

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LA BAJADA DEL ÁNGEL
Los actos de la Semana Santa concluyen con la esperada y siempre excitante, para los arandinos, "Bajada del Ángel". Se celebra el Domingo de Pascua de Resurrección ante la fachada principal de la iglesia de Santa María la Real, templo gótico del siglo XV, cuya hermosa portada fue mandada construir por los Reyes Católicos a inicios del siglo XVI. El acto es una reminiscencia de los autos sacramentales de la edad de oro, sin que exista documentación que refleje su origen ni se conozca desde cuando se celebra.

Posiblemente la importancia que tuvo la Cofradía de Las Candelas y su situación privilegiada, frente a las demás, la hicieron mentora de esta escenificación.

Con tiempo de antelación, la cofradía se encarga de buscar un niño o niña que deseen "interpretar" el personaje de ángel, puede ser o no hijo de algún cofrade, la única condición es tener una edad entre los 3 y 4 años. El Sábado Santo por la mañana tiene lugar el ensayo "in situ", colgando primeramente una pesa, con el peso aproximado de la criatura, una vez comprobado que todo funciona a la perfección se sujeta al niño con el arnés y se le eleva para comprobar que no teme a las alturas a la vez que se le indica como tiene que realizar su cometido; ni que decir tiene que a pesar de ser un ensayo, toda la gente que en esos momentos transcurre por la calle, que es mucha por ser día de mercado, permanecen especiantes ante ello.

En los días precedentes a la Semana Santa, los empleados municipales se encargan de montar la tramoya necesaria para el acto; en la fachada de la iglesia, se cuelga un cubo cuadrangular, pintado de azul con nubes blancas, semejando el cielo, donde caben aproximadamente tres o cuatro personas y al que se accede a través de una escalera de mano; desde la iglesia y hasta las casas de enfrente se cruzan, a una altura aproximada de 7 m. Las maromas por las que habrá de deslizarse el globo, objeto de forma ahuevada dividido en dos mitades, y al
que se le deja oculto en el interior de la tramoya; el sistema de cordelerías y poleas es manejado, llegado el momento, desde ambos extremos, en una longitud aproximada de 18 m. por los propios cofrades.
Amanece el Domingo, desde temprana hora la gente empieza a buscar sitio en la reducida Plaza de Santa María, donde se producirá el encuentro entre Cristo Resucitado y su Madre. La ceremonia transcurre en muy breve espacio de tiempo, pero está llena de contenidos simbólicos, no hay que perder detalle; los cohetes anuncian que llega el momento, decenas de palomas levantan el vuelo sobresaltadas por los estampidos y el bullicio del gentío que llena a rebosar la placi-ta. El acto comienza con la salida de las imágenes de la iglesia por la puerta del perdón, la Virgen de las Candelas, cubierta con un velo negro de luto, y acompañada de sus cofrades precedidos por el blanco pendón de la cofradía, calle abajo y Cristo Resucitado, acompañado del clero y la corporación municipal, en sentido opuesto, dará la vuelta a la iglesia con el fin de entrar a la plaza en dirección frontal a la Virgen; una vez que el resucitado ha hecho su entrada, el cofrade que lleva el pendón, avanza hacia él realizando en el trayecto, a modo de salutación, tres reverencias, inclinándole hasta el suelo, en recuerdo de las tres caídas de Cristo camino del Calvario, los portadores de las andas realizan la misma acción con la imagen de la Virgen y al finalizar la colocan bajo las maromas por las que ha de deslizarse el ángel; en estos momentos todas las miradas se dirigen hacia la fachada de Santa María donde se encuentra el decorado y donde previamente han subido al niño. Cuando se abren las puertas del "cielo" de donde vendrá el anunciador de la buena nueva, el murmullo aumenta, el globo o "nube" en la que va encerrado el ángel empieza a deslizarse por la maroma camino del centro de la plaza y cuando llega al punto donde se encuentra bajo él la imagen de la Virgen, para su caminar, abriéndose en dos y entre multitud de confeti, que pinta de colores el aire de la mañana, aparece el ángel, descalzo, en señal de pureza, y con dos palomas en sus manos que suelta a las alturas en símbolo de paz, el pequeño comienza a mover sus brazos y piernas en clara muestra de alegría mientras va descendiendo hasta la Virgen y una vez llegado a su altura, con la mano derecha agarra el velo mientras que con la izquierda se quita la corona de flores que lleva en la cabeza, como salutación a la reina de los cielos, mientras es ascendido hacia lo alto, momento cumbre en el que María contempla ante ella a su Hijo Resucitado, la gente prorrumpe en aplausos y la banda de música municipal entona el himno nacional; el "ángel", sin dejar de mover brazos y piernas, agitando el velo de luto en el aire, es ascendido y descendido numerosas veces entre el júbilo popular que le premia, su ágil pataleo, con numerosos aplausos; descendido, finalmente, se le calza y se deposita el velo negro en una bandeja, que el niño portará durante la procesión, situándose bajo las andas de la Virgen. Tras inciensar, el sacerdote que preside la ceremonia, las imágenes, la comitiva, que es acompañada por la corporación municipal bajo mazas, y la banda de música, da la vuelta a la Plaza Mayor, en breve recorrido, y llegados de nuevo a la iglesia de Santa María, se celebra la misa solemne de Pascua.
La imagen de la Virgen de la Misericordia o las Candelas, a falta de documentos y datos técnicos, pudiera ser del siglo XVI, ¿se realiza cuando se crea la capilla en la iglesia de Santa María?, transformada para vestir, seguramente, en el siglo XVII, cuando se impuso esta moda; su altura es aproximadamente de un metro, pero si nos fijamos en el diminuto rostro de la Virgen, podemos adivinar que la talla original es de inferior estatura y que se la aumentó a la hora de la transformación, práctica también habitual; los brazos y manos, así como el niño Jesús que porta en su brazo, serían igualmente del siglo XVII, quedando anulados los originales al transformarla; para la procesión de febrero, lleva en su mano derecha una vela o "candela" encendida, y en el brazo izquierdo a su hijo Jesucristo niño, para el acto de la bajada del ángel, se la retiran ambos símbolos, llevando las manos y los brazos vacíos; se la adorna con una aureola de flores, que luce solamente el día de la Pascua, cuyo fin principal es que no se la enganche el velo negro, que ha de retirar el "ángel", en la corona. La Virgen viste de blanco en ambas festividades.
En cuanto a la imagen de Cristo Resucitado, es una espléndida talla del siglo XVII, de escuela castellana y autor desconocido, pero que nos recuerda enormemente a la imaginería de Gregorio Fernández, su estatura es ligeramente inferior del natural, y su originalidad viene marcada por estar Cristo pisando la serpiente símbolo del diablo y de la muerte, en una postura triunfante sobre ella. La imagen no está vinculada a la Cofradía de la Virgen de las Candelas, por lo que solamente se utiliza para este acto, siendo portada por diversas personas cuyos familiares vienen haciéndolo desde antiguo, mientras que los cofrades de las Candelas, llevan la imagen de la Virgen.